Distinguir y Apreciar el Jamón


Distinguir un jamón ibérico a simple vista es relativamente sencillo, y lo que resulta más interesante es poder apreciar las cualidades de un buen jamón antes de la compra y durante la degustación de este exquisito manjar.
Ten en cuenta que:
La forma de un jamón ibérico debe ser alargada y estrecha, y su peso entre 6 y 7,5 kilos, ya que un menor peso supone que el jamón pertenece a un animal demasiado joven (por lo que la infiltración de grasa es menor) y un peso mayor implica que el jamón es de un cerdo viejo.

La apariencia exterior debe ser lampiña (sin pelos), con el tobillo fino y la pezuña oscura.

La grasa exterior debe ser amarilla en la capa más superficial y blanca en las capas más cercanas a la carne. La textura de la grasa debe ser fluida, suave, elástica, brillante cuando el jamón está a temperatura ambiente, y con una recuperación rápida ante la presión.

La carne del jamón deber ser brillante, y su color más o menor oscuro dependerá de su contenido acuoso. Así, un jamón con menos agua será más rojo que otro con menos. El sabor y el olor de un jamón son mejores cuanto menor sea el grado de humedad interna, por lo que son preferibles los jamones más secos, ya que la mayor duración del proceso de maduración supone un mejor desarrollo del aroma del jamón.

 

 

La carne deberá ser veteada, aspecto que se observa a simple vista al corte y que se debe a la presencia de grasa localizada entre los músculos. La cantidad de veteado suele aumentar con la edad del animal. Cuando un jamón es más veteado que otro significa que tiene un mayor contenido en grasa, hecho que influye en el sabor de la pieza porque los jamones con más grasa son menos salados, y el jamón ibérico no debe tener un sabor salado.

Los sabores y los olores del jamón ibérico son muy difíciles de describir, ya que intervienen compuestos volátiles, más de 170 sustancias volátiles naturales, lípidos (que actúan como solventes que retienen compuestos aromáticos producidos a partir de otras sustancias simples, como los azúcares y los aminoácidos), además de otros procesos de oxidación. Pero una vez que se ha probado un buen jamón ibérico, su sabor no se olvida.

Para degustar y apreciar el jamón ibérico tiene que estar debidamente cortado con un cuchillo largo, fino y muy afilado, en lonchas finísimas, delgadas, casi transparentes, con un trozo de tocino. Debe empezar a cortarse con la pezuña hacia abajo (que es la parte más dura), y cuando se termine se le dará la vuelta.

El jamón ibérico debe degustarse a temperatura ambiente, y no debe conservarse en el frigorífico porque pierde sus cualidades.

El jamón puede acompañarse con un vino fino o con manzanilla bien fríos, o con un buen tinto

 

 

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