FRANCIA
La cocina suele ser el reflejo
más público de la sensualidad de un pueblo,
de sus secretos primarios, del mestizaje de su historia.
En el instante en que los ojos del extranjero se cruzan
con la exposición de los productos alimenticios
en los mercados, tiendas, panaderías, mantequerías
y vinaterías, es posible saber lo que la comida
significa para los habitantes de cada región
de Francia.
La comida en Francia tiene tanta tradición como
su historia, su arte o su sentido de la libertad. Cuando
acuden a la mente escenas de refinamiento, romanticismo
y sensualidad relacionadas con los franceses, se proyectan
en el archivo interior las imágenes palaciegas
que el cine se ha encargado de divulgar, donde reyes
y aristócratas se deleitan con mesas enteras
cubiertas por platillos inimaginables, fuentes de frutas
y esculturas de postres con nombres extravagantes. Esta
es la cocina de los reyes, propiedad actual de los chefs,
de los
restaurantes exclusivos; es la alta cocina francesa.
Sin embargo, el espíritu igualitario que los
franceses han desarrollado en los últimos siglos
ha hecho que su cocina resulte accesible para todo el
que la visita.
Existen dos tipos de gastronomía que pueden guiar
al turista: la clásica y la llamada 'de mujeres'.
La primera es aquella que, venida de la aristocracia,
se ha ido renovando sin perder su origen y que se ofrece
actualmente a todo el que quiera probarla prácticamente
a lo largo de todo el país. La cocina de mujeres
debe su nombre al hecho de que era la realizada por
las amas de casa, madres y abuelas; es aquella que antaño
fuera la cocina campestre, más regional, más
propia de la cotidianeidad de los franceses. Ambas gastronomías
conviven perfectamente en la actualidad y, siendo Francia
el país con más restaurantes de Europa,
el visitante tiene la posibilidad de degustar interminablemente
lo que más le atraiga.
Los cocineros franceses conocen muy bien el ritual de
su cocina; saben que el punto de distinción es
la calidad de sus ingredientes y el equilibrio entre
éstos con la buena presentación y la sencillez.
Por ello es que han desarrollado innumerables tipos
de salsas y cremas con las que acompañan sus
platillos. De esta forma, el visitante se sorprende
con platos sumamente sencillos cuyo atractivo reside
en la armonía de sus componentes y el ritmo que
le imponen tanto su color como su forma de ingerirlo.
Ejemplos claros de esto son el suflé, el foie
gras, el salmón en aspic o las mouselines y macédonies.
Elementos claves de la Cocina
francesa
Un punto clave dentro de la gastronomía francesa
son sus panaderías. Existen gran cantidad y variedad
de panes; el más clásico, el blanco, que
se presenta en forma de barras: las delgadas o 'flutes',
las baguettes y las más gruesas o 'pains'. El
pan francés solo se conserva fresco alrededor
de cuatro horas y cada día son menos las panaderías
que lo elaboran de la manera tradicional, razón
que vuelve muy atractivo convertir en un reto probar
un pan recién horneado.
La pastelería es otro fuerte de la cocina francesa.
En ellas podrá encontrar infinidad de pastelillos
de diversos tipos y tamaños entre los que destacan
los merengues, las madalenas, los 'pettits fours', tartaletas,
buñuelos y el caramelo. Las tartas también
son variadas, especialmente de chocolate y de frutos
secos o de temporada; tienen la característica
de una presentación elegante y atractiva.
Las carnes frías son también productos
muy atractivos y abundantes. En las charcuterías
se pueden encontrar gran variedad de carnes cocinadas,
jamones, salchichas y patés. Algunas de ellas
también ofrecen ensaladas y platos del día,
sencillos, atractivos y económicos en general.
Los quesos son algo que conviene probar; la elección
entre más de 360 tipos existentes es como atravesar
un laberinto sin fin. En una buena tienda de quesos
se puede degustar varios de ellos y elegir el que más
se adapta a los gustos personales, contando siempre
con la colaboración de los encargados del establecimiento.
Entre los mejores quesos están el Fromage Fermier
y el Camembert; un queso con la inscripción 'lait
cru' (leche pura), que representa la más alta
calidad entre los productos de esta naturaleza.
Cocina Regional
No hay que olvidar que cada región implica su
geografía en su cocina y que, por tanto, cada
zona ofrecerá diferentes especialidades. En Alsacia
se puede pedir el foie gras, choucroute y tarta flameada,
acompañada de un buen vino. En la zona del suroeste,
el cassoulet, confit de pato y setas preparadas de diferentes
formas. En Bretaña se recomienda el pescado,
el marisco y las crepas. En la zona de Normandía
merece vivir la aventura de paladear el pato en salsa,
el pescado a la crema y los postres de manzana. En Borgoña,
además de su vino que es el protagonista del
evento más importante de la vendimia cada año,
puede probar los caracoles al ajo y el buey borgoñés,
sin lugar a dudas, cumbres del refinado arte culinario
francés. En Lyon, el salchichón con pistachos,
la pularda trufada y el 'gras double', sencillamente
delicioso. La zona mediterránea de Provenza ofrece
variados tipos de pescados a la parrilla sazonados con
hinojo, ratatouille y bullabesa. Por último,
en la zona norte se puede probar los gofres, la carbonada
de buey a la cerveza y la anguila 'au vert'.
París no cuenta con una cocina propia de gran
tradición y su arte culinario radica en que,
al convertirse en el centro de la nación, los
inmigrantes han llevado a esta ciudad sus especialidades
regionales. En la Ciudad de la Luz prácticamente
se tiene al alcance toda la comida francesa regional
así como una magnífica representación
de cocinas internacionales, por si alguien echa de menos
su país.
Lyon ofrece una variedad gastronómica tan intensa
como París ya que sus restaurantes están
aún más especializados en las comidas
regionales y en la 'cocina de mujeres', por lo que resultan
menos elitistas que los refinados restaurantes parisinos.
Sin embargo, en cualquier sitio de Francia podrá
encontrar la cocina en todo su esplendor y deleitarse
con ella de múltiples formas.
Vinos Franceses
Otro producto de gran tradición en Francia es
el vino, esa bebida mágica que viene a ser el
perfume del paladar. Cada región tiene el suyo
propio, que difícilmente podrá encontrar
fuera de ella; pero también existen los vinos
que traspasan fronteras, que involucran historias y
leyendas y que con seguridad le agradaría probar
como es el caso del Borgoña, el Burdeos, el Coñac
y el mítico Champagne. El Burdeos tiene sus orígenes
en la Edad Media, cuando esta región, al suroeste
francés estaba dominada por los ingleses. El
Champagne, símbolo de éxito y triunfo,
está elaborado a partir de la combinación
de uvas de diversos viñedos. Posiblemente haya
escuchado hablar de 'Dom Pérignon', asociando
este nombre a una de las más prestigiosas marcas
de champagne; pues bien, hacia 1700 este monje ciego
fue quien descubrió la cualidad espumosa de este
vino que, gracias a las botellas de cristal grueso y
el uso de corchos en el envase, pudo ser producido y
conservado en mayor escala. El Borgoña es un
vino que se produce en menor cantidad ya que sus uvas
requieren de una calidad que no es fácil obtener
en gran escala. Es un vino clásico, fuerte, que
se incrusta en el paladar y permanece en el recuerdo
para siempre. Si se acerca a la zona de Provenza podrá
encontrar vinos más ligeros, frescos y afrutados,
producto de un clima más mediterráneo.
Los vinos ofrecen en su etiqueta las claves para conocer
su esencia. La abreviatura AC (Appelation d'Origen Controlée)
significa que se trata de un vino rigurosamente controlado
desde la selección de sus uvas, pasando por los
procedimientos de elaboración y el tiempo de
añejamiento hasta la graduación que contienen.
La categoría Vin Délimité de Qualité
Supérieure (VDQS) son vinos de segunda clase
que resultan bastante buenos y que compiten año
con año para pasar a la primera categoría.
Por último, los Vin de Table son vinos regionales
que requieren menos rigor en su elaboración,
aunque ello no significa que sean de mala calidad, además
de resultar más económicos.
Horas para Comer
Generalmente los desayunos son ligeros: crosaint o brioche
con café. Si desea zumo de frutas tendrá
que pedirlo aparte en la mayoría de los casos.
La hora para desayunar es la más variable de
las comidas aunque suele ser temprano. La comida y la
cena tienen horarios más estrictos y en la cultura
francesa no es bien visto picar entre comidas o tomar
un aperitivo. La comida suele servirse a las 12:30 o
13:00 h. y la cena, que es la principal comida del día,
alrededor de las 20:00 h. Ambas pueden ser abundantes
y por lo general incluyen una ensalada con algún
producto de origen animal como el pollo o los mariscos,
una crema o sopa y un plato fuerte. Se acompañan
con vino o con agua mineral. Es aconsejable realizar
reserva en los restaurante, especialmente a la hora
de cenar y en las grandes ciudades ya que es la hora
en que se encuentran más comensales. Algunos
establecimientos abren hasta muy tarde y sirven cena
entre las 12 de la noche y las 2 de la mañana
para los asistentes a espectáculos nocturnos.
Si no desea enfrentarse a los restaurantes formales,
con seguridad encontrará innumerables cafés,
bistros, brasseries (restaurantes de gran tradición
pero menos formales) o restaurantes de comida rápida
que han llegado a casi todo el mundo. En las calles
y mercados también existen vendedores callejeros
de diversos bocadillos.
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